El viaje de mi padre, Julio Llamazares
I. Un viaje de invierno (enero de 2024) - En el corazón del Duero En Vadocondes, por donde pasé con Modoso en 1984 (« Vadocondes ya es un pueblo- pueblo, con su iglesia y su picota como Castilla y Dios mandan», escribí en mi cuaderno de viaje por comparación con La Vid y Guma, dos pueblos de colonización que acabábamos de ver), la estación de la línea de Ariza fue derribada al poco de cerrarse, así que ni me molesto en ir a verla, e igual hago con la de La Vid, junto al monasterio premostratense que, tras la desamortización de Mendizábal y algunos años de abandono, se convirtió en el noviciado de los frailes agustinos, uno de los cuales me enseñó la espectacular biblioteca de treinta mil volúmenes, muchos de ellos sobre Japón, cuando pasé con Modoso por él, y que daba servicio, además de al convento, a las pedanías próximas, hoy ya tan poco pobladas como el monasterio mismo. Supongo—mientras desde la carretera contemplo sus muros y su espadaña entre la vegetación del Duero—...

