Sueños de trenes, Denis Johnson
En la última parte de su larga vida, Grainier ya confundía la cronología del pasado y estaba seguro de que el día en que había visto al Hombre Más Gordo del Mundo —aquella misma noche— era el mismo día en que se había detenido en la calle Cuatro de Troy, Montana, a cuarenta y un kilómetros al este del puente, y se había quedado mirando un vagón de tren que llevaba a aquel joven y extraño artista rural llamado Elvis Presley. El vagón privado de Presley se había parado por alguna razón, tal vez para hacer reparaciones, en aquel pueblito diminuto que ni siquiera tenía estación propia. El famoso joven había aparecido brevemente en una de las ventanillas y había levantado la mano a modo de saludo, pero Grainier había salido de la barbería de la otra acera demasiado tarde para verlo. Se lo habían tenido que contar los lugareños que había allí plantados, en pleno anochecer, desplegados a lo largo de la calle entre el retumbar grave del motor de diésel en ralentí, habla...
