Prólogo al Ulises de James Joyce, José María Valverde
Un prologuista no es otra cosa que un padre o una madre arengando al hijo en ese momento en el que inicia la primera pedalada, la primera brazada en el verano canicular. El hijo recibe esos gritos de ánimo como si los Dioses lo estuvieran llevando en volandas hacia un futuro nunca antes soñado y su fe es tan grande y tan desafiante que toma esas palabras como la única verdad existente en ese momento en el mundo que lo rodea. Esto es lo que consigue José María Valverde en este prólogo, un instante de sabiduría total en la que el lector se ve abrazado por las palabras y confía en que la posterior lectura del Ulises va a ser un hallazgo primordial y epifánico que lo va a acompañar el resto de su vida. He aqui tal prodigio: Prólogo La mejor manera de leer Ulises sería zambullirse directamente en sus páginas, dejándose llevar por el poderío musical y ambiental de su palabra, y encomendando confiadamente sus oscuridades a la esp...