La muerte y la niña, Juan Carlos Onetti
Por primera vez en la entrevista —aunque Díaz Grey no pudiera afirmar, después, que se tratara realmente de la primera vez— el hombre dejó resbalar una sonrisa cínica y casi divertida. El hombre dijo: —Ni el padre Bergner ni usted. Pero no es imposible que ella, tan desesperada como yo, y además mujer, haya hablado con amigas o parientes. Las mujeres, es distinto. Creen, como los enfermos crónicos, usted lo sabe mejor que yo, que si divulgan sus problemas van obteniendo una ayuda, o por lo menos un apoyo, a cambio de cada confidencia. Por ahora hemos decidido un aplazamiento. Puede llamarlo solución temporal. Tal vez el Señor quiera ayudarnos. Pienso ir unos meses a la Capital y a Chile, asistir a unos cursos. Yo solo, naturalmente. ... A pesar de la hija ausente, solo conocida por malas fotografías, que ahora, fatalmente, estaba bamboleándose en la dichosa sucia adolescencia y cuyo nacimiento no podía prescindir de un prólogo....


