El coronel no tiene quién le escriba, Gabriel García Márquez



—Parecen zapatos de huérfano —protestó—. Cada vez que me los pongo me siento fugado de un asilo.

... 

—No esperaba nada —mintió. Volvió hacia el médico una mirada enteramente infantil—. Yo no tengo quien me escriba.

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—Estás en el hueso pelado —dijo. 

—Me estoy cuidando para venderme —dijo el coronel—. Ya estoy encargado por una fábrica de clarinetes.

... 

—La lluvia es distinta desde esta ventana —dijo—. Es como si estuviera lloviendo en otro pueblo.

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