Alicia en el País de las Maravillas, Lewis Carroll (Audiolibro narrado por Michelle Jenner: tal vez no exista voz más hermosa para este libro)








Aunque la traducción que aparece en el audio no es la misma que la primera versión, no está de más apuntar algunas aclaraciones sobre la misma. Al final del texto se incluye la versión en facsímil de la edición de Febrero de 1935.


Alicia en el País de las Maravillas: Juan Gutiérrez Gili

Por Juan Gabriel López Guix


La primera edición completa de Alicia en el país de las maravillas

en castellano, la versión de Juan Gutiérrez Gili, fue publicada en octubre de 1927 por la editorial Mentora y no ha dejado de reimprimirse desde entonces bajo el sello de su continuadora, la editorial Juventud.


Su versión es muy escrupulosa con el texto original y aborda la traducción de

los poemas con sensibilidad poética, cosa que no sucederá siempre en

traducciones posteriores. Sin embargo, contiene una sorprendente y curiosa

ampliación en el capítulo III. Tras la carrera de los animales para secarse el

agua del gran charco de lágrimas, el Dodo le pide a Alicia que los «honre

dignándose aceptar este elegante dedal», y entonces todos prorrumpen en

vítores. La frase inglesa concluye ahí con un punto y aparte, pero Gutiérrez

Gili convierte el punto en dos puntos:


Y terminado este discursillo, todos los animales la aclamaron:

—¡Viva! ¡Viva!


Lo mismo que un pueblo que ha encontrado rey. En efecto, Alicia sentía la

superioridad de la inteligencia, y los animalillos aguzaban su instinto, estimulado el entusiasmo sólo por la mirada de la niña, donde brillaba la luz de la razón. Sin embargo, cada cual conservaba su carácter y su instinto, y, en pasando el alboroto de la ovación, todos volvieron a componer, ya sus plumas, ya su pelambre, para recobrar la compostura y la gravedad propias de un pueblo sumiso.



Por otra parte, otra curiosidad de la traducción es que su nombre aparece y

desaparece como el Gato de Cheshire a lo largo de las diferentes ediciones

realizadas por la editorial Juventud. Aparece en la portada de todas las

ediciones hasta la quinta (1927, 1931, 1935, 1942 y 1947), desaparece a

partir de la sexta (1952), vuelve a materializarse en la novena [1986;

col. Juventud, ISBN 10: 84-261-0347-2 (rústica) y 84-261-0347-2 (tela)]. 


A continuación, los datos resultan algo confusos porque en 1992 aparece otra

edición que se presenta también como novena, pero en otra colección y con

otro ISBN [col. Cuentos Universales, ISBN 10: 84-261-2700-2 (rústica) y 84-

261-0267-0 (tela)]. A ella le sigue, en la misma colección, una décima edición

en el 2000. Ahora bien, esas dos últimas ediciones (1992 y 2000) muestran la

peculiaridad de ofrecer una versión firmada por un segundo traductor, José

Fernández. El resultado es que Gutiérrez Gili vuelve a desvanecerse. Su

desaparición dura una década, tras la cual resurge —cual gato fénix— en el

2003. Desde entonces y hasta la fecha, su firma se mantiene en las diferentes

ediciones publicadas por Juventud. Entre 1927 y el 2014, la editorial Juventud

ha demostrado tener una relación ambivalente con Juan Gutiérrez Gili, a quien

ha negado la autoría de la traducción o sustituido por otro traductor durante

cuarenta y cinco años, más de la mitad del prolongado período de ochenta y

siete años de ediciones alicianas en esa editorial. Llegados a este punto, la

pregunta parece ser: ¿qué lógica editorial subyace a este curioso fenómeno?


Facsímil de la edición de Febrero 1935


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