Trenes rigurosamente vigilados, Bohumil Hrabal



Y yo estaba en medio de las vías y sentía que alguien me miraba, me volví y en la ventana abierta del sótano vi los ojos de la mujer del jefe de estación, que, allí en la oscuridad, le daba de comer a un ganso y me miraba. Yo le tenía cariño, a la mujer del jefe de estación; le gustaba ir por la noche a sentarse a la oficina, hacía un mantel de ganchillo; había tanto silencio cuando hacía ganchillo, de sus dedos salían sin parar flores y pájaros, encima de la mesa de telégrafos tenía una especie de libro hacia el que se inclinaba para buscar instrucciones sobre cómo coger los puntos, como si tocara la cítara y leyera las notas.

...

Y yo me dije, de todos modos los alemanes son unos locos. Unos locos peligrosos. Yo también estaba un poco loco, pero a mi propia costa y en cambio los alemanes siempre a costa de los demás.

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